La alta dirección debe revisar el sistema de gestión ambiental de la organización a intervalos planificados, para asegurarse de su conveniencia, adecuación y eficacia continuas.
La revisión por la dirección debe incluir consideraciones sobre:
a) el estado de las acciones de las revisiones por la dirección previas;
b) los cambios en:
1) las cuestiones externas e internas que sean pertinentes al sistema de gestión ambiental;
2) las necesidades y expectativas de las partes interesadas, incluidos los requisitos legales y otros requisitos;
3) sus aspectos ambientales significativos;
4) los riesgos y oportunidades.
c) el grado en el que se han logrado los objetivos ambientales;
d) la información sobre el desempeño ambiental de la organización, incluidas las tendencias relativas a:
1) no conformidades y acciones correctivas;
2) resultados de seguimiento y medición;
3) cumplimiento de los requisitos legales y otros requisitos;
4) resultados de las auditorías.
e) adecuación de los recursos;
f) las comunicaciones pertinentes de las partes interesadas, incluidas las quejas;
g) las oportunidades de mejora continua.
Las salidas de la revisión por la dirección deben incluir:
— las conclusiones sobre la conveniencia, adecuación y eficacia continuas del sistema de gestión ambiental;
— las decisiones relacionadas con las oportunidades de mejora continua;
— las decisiones relacionadas con cualquier necesidad de cambio en el sistema de gestión ambiental, incluidas los recursos;
— las acciones necesarias cuando no se hayan logrado los objetivos ambientales;
— las oportunidades de mejorar la integración del sistema de gestión ambiental a otros procesos de negocio, si fuera necesario;
— cualquier implicación para la dirección estratégica de la organización.
La organización debe conservar información documentada como evidencia de los resultados de las revisiones por la dirección.